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¿Un buen vino es bueno para la salud?

Una vez al año no hace daño y, si hablamos de vino, una copita la día, puede resultar muy buena para el organismo. Este dato no es algo novedoso, se trata de una información de dominio público que siempre ha estado presente en nuestras vidas. Sin embargo, se trata de una de esas afirmaciones que siempre cuentan con nuevos matices y aportes, dada la importancia que la ciencia médica le concede. Tal vez sea por tratarse del vino, esa bebida milenaria con tanta tradición histórica a sus espaldas. Así lo certifican y avalan los estudios científicos y la comunidad médica.

Aunque las recomendaciones no se quedan solo en cuanto al tema de la salud,  porque uno no se toma un vino sin más, lo toma para disfrutar de su esencia y relajarse, casi como si fuera un ritual. De esta manera, existe todo un mercado de accesorios, y copas que exprimen la experiencia de tomar vino, y muchos de ellos hacen que un vino normalito saque todo su potencial. En el mercado español destaca en cuantoa variedad y tecnología Giona Company, expertos en suministros para hostelería relacionados con el vino, aconsejan tomar una copa de vino en copas que resalten todos sus sabores.

El vino siempre ha estado presente en la historia de la humanidad. De hecho se trata de una bebida que cuenta con mucha documentación en su haber. En los textos más antiguos, ya se hablaba del vino. Por algo sería.

Pero no vamos a hablar aquí de la historia del vino, si no de sus virtudes, sus propiedades y los grandes beneficios que aporta al organismo. Eso sí, siempre que se consuma con la moderación correspondiente. Pues como diría Paracelso, todo es veneno, nada es veneno. El beneficio, va en función de la cantidad consumida

Como bien es sabido, el vino tinto cuenta en su composición con poderosos antioxidantes, lo que hace que su consumo, proporcione una serie de beneficios médicos. La investigación avala esa evidencia y no para de hacer estudios al respecto que no hacen sino corroborar una y otra vez, lo que ya sabemos.

El vino tinto siempre ha formado parte de eventos sociales, religiosos y culturales. No en vano, en la Edad Media, los monjes de los monasterios atribuían su longevidad a la ingesta regular de vino tinto.

Los estudios mas recientes, han revelado que tomar vino tinto con moderación influye positivamente en enfermedades cardiovasculares, aterosclerosis, hipertensión, ciertos tipos de cáncer, diabetes tipo dos, trastornos neurológicos o síndrome metabólico.

Esto no quiere decir que el vino cure las enfermedades, pero si que ayuda a que las personas que las padecen, mejoren.

Cómo es posible que el vino ayude a mejorar la salud

Básicamente, el vino posee propiedades antioxidantes (como el tomate), antiinflamatorias (como los ácidos grasos omega tres) y reguladoras de los lípidos (como los frutos secos). Esto se traduce en aportes interesantes que logramos a través de la ingesta de otros alimentos, pero en este caso, con una copa de vino. Lo que viene a decirnos, que su consumo no es malo, siempre que se haga con moderación. Al contrario que cuando se trata de una bebida destilado como por ejemplo la ginebra que no aporta nada bueno al organismo.

El vino tinto, elaborado mediante el estrujamiento de las uvas oscuras, constituye una fuente de resveratrol relativamente rica. Este elemento, es un antioxidante natural que se encuentra en la piel de las propias uvas, así como en sus pepitas.

La función de los antioxidantes en el organismo es la reducción del estrés oxidativo del cuerpo, acción que tiene clara relación con la aparición de numerosas enfermedades entre las cuales se incluyen el cáncer y las enfermedades cardíacas.

Existen muchos alimentos con propiedades antioxidantes de sobra conocidos, como las frutas, el ya citado tomate las verduras, así como algunos frutos secos como las nueces.

Las uvas enteras, constituyen la mejor fuente de resveratrol existente, lo que hace que su consumo sea mas recomendable que el del propio vino, debido al contenido de alcohol que este contiene. Aun así, el vino es una buena fuente de esta sustancia, aunque para que sus efectos fueran mayores habría que consumir demasiado vino, lo cual no es una buena alternativa. En cualquier caso, a la hora de consumir algún tipo de bebida alcohólica, el vino siempre será la mejor opción, junto a la cerveza.

Veamos con mayor detenimiento como el vino favorece la salud y su consumo ayuda a mejorar algunas patologías.

Beber con moderación es una buena solución

Sin duda, la moderación es la clave. Son muchos los estudios llevados a cabo a lo largo de los años que demuestran la existente y positiva relación entre beber vino de forma moderada y una buena salud cardíaca. El corazón se siente mejor cuando el riego fluye y el vino, ayuda a que así sea.

Teniendo en cuenta que el alcohol puede actuar como vaso dilatador, unido a los efectos cardioprotectores que posee el vino, es fácil comprender que, los consumidores moderados de vino, gocen de una mejor salud cardíaca.

Cuando hablamos de moderación, queremos decir claramente que es suficiente con una copa al día en el caso de las mujeres y dos, en el de los hombres. No vale hacer trampa y coger una copa grande, la cantidad adecuada no excede de los ciento cincuenta mililitros por día.

Otro de los aspectos que mejora la ingesta de vino, es la salud intestinal. Los polifenoles existentes en el vino y las propias uvas, ayudan a mejorar la microbiota intestinal y la salud de los intestinos. Algunos estudios arrojan datos sobre como algunos compuestos del vino tinto, pueden actuar como prebióticos que fomentan la bacteria intestinal saludable.

Algunos investigadores médicos, sugieren que puede verse reducido el riesgo de enfermedad cardíaca a través de los efectos que provoca en el microbioma intestinal.

Los pacientes de diabetes tipo dos pueden encontrar en el vino tinto un aliado. Algunos científicos consideran que el etanol existente en el vino, juega un papel determinante en el metabolismo de la glucosa, aunque se necesitan más investigaciones para confirmar esta evidencia.

Nuevamente el resveratrol vuelve a tener relevancia, este antioxidante puede contribuir a reducir la presión arterial e incrementar los niveles de colesterol bueno en sangre. Las procianidinas existentes en el vino, ayudan a que los vasos sanguíneos se encuentren en buenas condiciones.

Como antioxidante por excelencia, también puede contribuir a evitar la pérdida de visión, al reducir la inflamación y el estrés oxidativo que genera glaucoma, cataratas, retinopatía diabética o degeneración macular.

Existen estudios que sugieren que la ingesta de vino, puede ser favorable ante la protección de ciertos tipos de cáncer como el de mama, próstata o pulmón. Así como estudios e investigaciones científicas que aseguran que tomar vino de forma moderada puede reducir el riesgo de padecer algunas enfermedades como las mencionadas, entre otras, haciendo que la vida de estas personas, sea más prolongada.

Entonces ¿debería tomar vino?

En cualquier caso, disfrutar de una copa de vino e incluso dos, puede formar parte de una dieta sana y equilibrada. La clave, como en todo, se encuentra en la moderación. Teniendo en cuenta que un consumo excesivo de alcohol no es para nada saludable, con independencia de su procedencia, o el tipo de bebida alcohólica que se beba.

Si es cierto que posee esas propiedades antioxidantes y antiinflamatorias, con todos los beneficios que ello aporta, por lo que un consumo moderado, no hace daño a nadie que goce de buena salud. En algunos casos, puede beneficiar a algunos enfermos debido a sus propiedades.

Por otro lado, también hay que tener en cuenta el posible aumento del riesgo de padecer otra serie de enfermedades o los problemas derivados de una ingesta inadecuada y exagerada de vino. En este caso, el alcohol provoca accidentes, violencia, incrementa la tasa de suicidio, no es bueno para ciertos tipos de cáncer, puede generar insuficiencia cardíaca, hipertensión arterial, enfermedad hepática o del páncreas, accidente cerebrovascular, aumento de peso y obesidad.

Aunque por norma general no existen restricciones sobre la ingesta de vino, en los siguientes casos y situaciones, se recomienda encarecidamente, evitar su consumo: el embarazo, cuando existen antecedentes personales o familiares de trastornos relacionados con el consumo de alcohol, en caso de enfermedad hepática derivada de alcoholismo, insuficiencia cardíaca o en combinación con medicamentos.

En respuesta a la pregunta, tomar vino, no es un deber, ni una obligación, ni una necesidad. Se trata de una elección. Si te gusta el vino, como si te gusta una buena hamburguesa o un pastel. No hay nada de malo en tomarte uno de vez en cuando, aunque te digan por activa y por pasiva lo nocivo de la bollería y la comida rápida. El vino puede llegar a ser más saludable que cualquiera de los productos ultramegaprocesados que consumimos continuamente.

Independientemente de las investigaciones y los estudios científicos, de las propiedades, beneficios, virtudes o por el contrario, contraindicaciones, efectos adversos y connotaciones negativas de la ingesta de vino, si te apetece una copa de un buen vino, disfrútala.

Otra cuestión es creer que como tiene propiedades beneficiosas hay que tomarlo porque sí. Tampoco se trata de eso. El vino puede ser beneficioso para el organismo, sin duda, pero no es algo que haya que consumir por esa razón. Basta con saber que, dentro de las bebidas alcohólicas existentes, las mejores opciones de consumo son el vino y la cerveza, por contar con algunas propiedades saludables y algunos nutrientes en su composición, algo con lo que las bebidas destiladas no cuentan.

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