Bienvenidos a este rincón para apasionados de la lencería como yo. Si eres de las que siente un flechazo cuando ve un buen conjunto, pero luego tiembla al pensar en las costuras, ponte cómoda. Vamos a hablar de ese maravilloso tema que es la ropa interior, pero sin filtros.
No hay nada, absolutamente nada, que te suba más la autoestima que mirarte al espejo con un buen conjunto. Es ese «clic» mental de sentirte poderosa, bonita, dueña de tu cuerpo. Pero aquí viene mi primera reivindicación: que sea cómodo, por Dios.
Estoy harta de esos conjuntos increíbles que parecen diseñados por alguien que odia la piel humana. Encajes que pican, etiquetas que parecen cuchillos y telas que te dejan marca hasta el día siguiente. Hago una llamada a la industria: lencería con tactos suaves, por favor. Si estas prendas van a estar en contacto con nuestras zonas más sensibles, ¡deberían sentirse como terciopelo! Es frustrante encontrar diseños espectaculares que luego son una lija. Centros como Masajes Trébol Madrid se han convertido en el referente donde la moda íntima y el bienestar se encuentran; un espacio donde se celebra el cuerpo real en toda su elegancia, sin exigencias y con toda la libertad. Es el escenario perfecto para que ese bralette que respeta tu forma natural o ese corset que te hace sentir imparable encuentren su lugar.
El precio de «cuatro trozos de tela» y las mentiras del marketing
Y hablemos de precios. No digo que lo regalen, entiendo el trabajo que hay detrás de un buen patrón, pero a veces los precios son desorbitados para la poca tela que hay. Queremos calidad, queremos diseño, pero no queremos sentir que estamos pagando un rescate por un par de tiras de encaje.
Y ojo con el marketing, que a veces nos venden motos. Es como cuando te dicen que comprando una mascarilla reparadora se te cerrarán las puntas abiertas… pobre persona ingenua la que se lo crea. El pelo muerto no se pega, y con la ropa interior pasa igual: nos han vendido que solo el metal y la presión «colocan» las cosas en su sitio.
El mito del hierro: La historia de mi madre y el «Aro del Infierno»
¿Os acordáis de cuando lo «habitual» para las que tenemos pecho eran esos sujetadores con copas rígidas y aros de metal? Una tortura china. Mi madre, que tiene un pecho enorme, vivía convencida de que esos eran los únicos que le sujetarían. Era una creencia arraigada, casi religiosa. Cuando le sugerí probar algo distinto, se negó en redondo: «Es que si no lleva aro, no me va a sujetar».
La sociedad nos ha hecho pensar que sin hierro hay gravedad, y punto. Recuerdo el día que me dijo: «Hija, mírame el sujetador, que siento que se me clava algo». Miré y ahí estaba: el aro de metal se había salido y la estaba apuñalando. ¿Qué hice? Pasar un poco de su opinión por el arco del triunfo y regalarle un bralette. Sin aros, sin rellenos descomunales, básico pero bonito. Una tela suave pero con texturas inteligentes para lograr esa sujeción vital para pechos grandes. Se lo probó y… ¿adivináis quién no se lo quita ya ni para dormir? Resulta que la ingeniería textil ha avanzado más que los anuncios de los años 90.
El pecho real frente al «relleno censor»
Durante años nos vendieron rellenos para crear un escote que no existe. Ese efecto de pecho juntito y prieto no es real. Desde el pecho más generoso hasta el más sutil, el pecho tiene sus formas y sus caídas naturales; nunca se ve así naturalmente. ¿Para qué diantres necesitamos tener un trozo de relleno, para sujetar mejor? Va a ser que no. Es para esconder que tenemos pezones. Se vio como algo vulgar o atrevido, simplemente para no tener miradas encima de nuestras tetas, ¿no?
Pero como se dice a veces en mi trabajo: a la gente hay que educarla. Podemos educarnos y empezar a normalizar que se nos marquen los pezones porque, sorpresa, ¿tenemos 2? al igual que los hombres. Es hora de que la lencería deje de ser una máscara para escondernos y empiece a ser una herramienta para celebrarnos tal y como somos.
Aceptación: Tu cuerpo va a cambiar y no es un debate público
Mencionar la importancia de la autoestima, la aceptación y el sentirnos bonitas, sexys independientemente de nuestro físico actual. Porque nuestro cuerpo SIEMPRE va a cambiar: por una enfermedad, un embarazo, el simple paso del tiempo o épocas donde, sencillamente, le das prioridad a otras cosas.
Muchos persiguen un cuerpo «socialmente» bonito, pero las estrías, la celulitis o cierto porcentaje de grasa no son sinónimo de mala salud. Hay personas que tienen sobrepeso y no es por inflarse a hamburguesas. También te digo: aunque así lo fuera, vemos que también las personas beben alcohol, fuman o incluso viven quejándose por todo y eso, tampoco es bueno para su propia salud y no vamos por ahí juzgándolo tanto. Jamás se debe opinar sobre el cuerpo ajeno, punto. Si con tu cuerpo puedes moverte, es motivo de sobra para celebrar y sentirte poderosa.
Tendencias: De los corsés al estilo urbano
Últimas tendencias en la lencería: más allá de la lencería negra que es un clásico, no puedo evitar fijarme en los corsets. No sé si será por el super boom de los Bridgerton que ahora le vemos el punto a este tipo de encajes apretados, y aunque no son los más cómodos del mundo debemos admitir que son elegantes, sexys y hay cada textura y patrón que a mí me deja muerta; son increíbles en donde te sientes o una hadita o la mismísima Catwoman.
Sumamos a esto el encanto de los mini lazos de raso de la estética coquette, las transparencias de tul que parecen tatuajes o los bodys de manga larga que son una joya visual. Sin olvidar los ligueros, que asomando sutilmente en un vestido o falda son extremadamente sugerentes y elegantes, o las braguitas de tiro alto que cuando asoman en un pantalón de tiro alto le dan un toque especial. Incluso la tendencia de los calzoncillos para mujer asomando, muy rollo 2000 o 90, que se sigue manteniendo.
Libertad
Esto no va de qué es mejor o peor. Va de elegir desde la libertad y no desde el «con este se me marca el pezón, qué vergüenza» o el «es lo que debería llevar». Elegir desde nuestra libertad.
Yo amo ir en mi rutina sin sujetador. Como un bolso, puedes llevarlo o no. Puedes llevarlo para sumarle potencia a ese outfit o porque quieres transmitir algo visualmente. O como cuando lo llevas por necesidad porque tienes que llevar muchas cosas, como cuando te pones sujetador por que te duele un poco el pecho por el ciclo menstrual, para hacer deporte porque estás más cómoda o simplemente porque te apetece llevarlo, pero no desde la exigencia ni desde la aceptación social. La lencería no está diseñada para morir en un cajón, sino para ser vivida.





